Génesis tercera parte. Guerra de pasteles.
En el día de San Valentín, el que no tenía una cita se inventaba una. Nadie que se respete estaba disponible y los no respetables, como yo, estábamos pensando cuántas de todas esas personas que habían salido en el día de los enamorados estaban realmente en ese estado maravilloso, con ojos sólo el uno para el otro y buenos deseos en el alma. Y cuántos, estaban ansiosos por que se pasara todo ese frenesí de flores, bombones, corazones rojos (perdón, colorados) y reservas de restaurante hechas con 4 semanas de anticipación, para poder decirle sus cuatro verdades al personaje sentado al otro lado de la vela.
De mis amigos, la mayoría había gastado unos buenos pesos y enviado algún regalito al ser amado (los gays gastaron mucho mas, todos los regalos los encargaron en algún portal de internet especializado en regalos de diseño, fabricados por alguien que firma Zoe o Nehuen, con sede en P Soho, pero que en realidad se llama Jorge y compró todo su stock en ONCE). Después de llorar un poco en el teléfono con mi amiga personal R., mientras mirábamos en youtube una y otra vez la misma escena de “La boda de mi mejor amigo”, me fui a mi cena anti-San Valentín en el DownTown Matías de Belgrano, para más tarde volver a casita silbando bajo, sin una expresión definida en el rostro (igual de incalificable fue el espíritu de la cena, con solteros crónicos, novios recientemente abandonados por novias muchos más lindas que ellos, un adolescente skater que no sabía de qué se trataba el evento, chicas grandes, o sea, mujeres de más de treinta vestidas con ropa de 47 Street y sobre todo había como mil parejas alrededor, en otras mesas).
Ya en casa y revisando mis mensajes, encontré uno que me pareció divertido y, mientras le convidaba de mi helado de dulce de leche y banana Split a mi perra bóxer, respondí con la más absoluta inocencia (si es que tal cosa existía en mí todavía). Mi día libre era un viernes. Me conecté después de almorzar y charlé un ratito con el remitente del mensaje divertido. Me contó que vivía en Quilmes, igual que yo (luego me di cuenta de que eso era mentira; mas tarde me iba a dar cuenta de muchas otras cosas no eran lo que yo pensaba). A las dos horas nos encontramos en la esquina del supermercado chino y caminamos hasta el bar a la vuelta de mi casa (el mismo de la primera cita del año, pero esta vez elegí un sillón en lugar de mi mesa de siempre). Hablamos sobre lo traumático de su última relación (que había terminado hacia dos días!) y lo mucho que le costaba relacionarse con la gente y confiar. Me pareció un discurso de otro mundo, quiero decir, yo nunca tuve inconvenientes abriendo el interior (más potable) de mi alma. Hablamos más y más y me dio ternura que se comportara como alguien menor a su (joven) edad. Fuimos a mi casa y nos besamos y escuchamos The Cardigans por su pedido expreso. Creo que desde ese día no pasó un solo día si vernos o al menos hablar mucho por teléfono. El sexo fue una cuestión que fue cobrando mayor importancia a medida que sus platos iban tomando un papel más preponderante en mi vida. Su falta de confianza en el amor y la pésima relación con su ex hacían que no pudiera entregarse (en mucho más que un sentido) completamente.
Me cocinaba las cosas dulces más ricas que compartía, a veces, con mis amigos; hecho que forjo el sobre nombre de “Pasteles”, que aún hoy persiste. Pasaron los días y nos hacíamos cada vez más inseparables. Muchas noches muy divertidas pasaron y muchos lugares que nunca había visitado se hicieron habituales (es curioso que nunca hubiera conocido a una torta hasta que salí con pasteles). La consumación de la relación, sin embargo, se postergaba (digamos que la prueba de amor no se ejercía). Todos los días llegaba a la oficina, saludaba a cada una de las chicas con beso en los labios (cosa que tenía prohibido hacer delante de él) y me sentaba a fumar un pucho. Luego de unos segundos, alguien se animaba y me preguntaba: “¿y?”, “y nada”, era la respuesta. Al tercer mes (ya no podía solucionar el tema) y luego de mi caminata habitual por las paredes, tomé conciencia de que no podía seguir así. Mis amigos de más de treinta me decían simplemente que lo olvidara, que lo dejara de lado y empezara de nuevo. A mis amigos de menos de treinta les parecía algo que valía la pena, les parecía bien que yo esperara. Surgió entonces la solución, la madre de todas las ideas: fin de semana romántico en el Tigre en cabaña entre árboles con vista al río, no podía fallar. Y no falló. Me acuerdo del frío que rajaba la tierra, me acuerdo de que mi amiga S y su novio de entonces, el innombrable, estaban en el mismo complejo el mismo fin de semana e insistían en ver LOST en nuestra cabaña porque era mas cómoda. La ironía es que ninguna de las dos parejas llego mucho más lejos.
Una vez afianzada la relación, todo fue mucho más intenso. Pronto todo fue una constante: todos los días nos veíamos, me llamaba a toda hora y hablaba con mis amigos si yo no contestaba el teléfono. Dejó todo el resto de sus cosas de lado, sus amigos, su trabajo y se dedicaba a cocinarme y visitarme todos los días. A mitad de año cambie de trabajo y en el comedor de la planta de la nueva empresa encontré una cara conocida: una de las amigas de Pasteles que, casualmente, había estado gestionando un puesto de trabajo para su muy querido compañero. Al mes estaba cocinado en la pastelería y lo veía a diario en mi hora de almuerzo y luego también a la salida ya que él me esperaba una o dos horas a que yo saliera para volver juntos a casa. De ahí juntos al gimnasio, a cenar y después a dormir.
Mi cumple numero 32 fue todo un evento, muy divertido. Con una hermosa torta de chocolate con un kung-fu panda arriba. Bailamos mucho y nos reímos más.
Fuimos por muchos meses la pareja ideal, la que todo el mundo invitaba a salidas de a cuatro. Los que siempre estaban juntos. Era él quien finalmente había conseguido tranquilizarme y me hacía feliz
(No muy) Pronto me sentí un poco agobiado, pero siempre traté de mantener mi buena onda y disfrutar. Se planearon las vacaciones para año nuevo y en la navidad me intoxiqué y no pude ir a trabajar. Estaba en lo de mi mama así que me quedé ahí y le dije al pastelero que mejor no nos veíamos porque no podía ni moverme de la cama. En fin, él se puso muy mal. Cuestionó la veracidad de mis dichos y yo cuestioné su continuidad en mi vida, pero sólo lo pensé. Me levanté como pude y el sábado después de navidad fui a verlo para tomarnos un cafecito. Él me dijo que el día que no me vio fue una tragedia y a mí me causo gracia. (Y eso es feo, porque me parece que si salís con alguien se supone que te rías pero no de él). Luego del año nuevo, en la playa y con fuegos artificiales, volvimos y después de reiteradas demandas de más atención le pedí una semanita de paz y tranquilidad para pensar. Por supuesto que no hubo ni paz ni tranquilidad, sino más bien llanto y reclamo.
Termine mi relación un 4 de enero. Será que el amor que sentía sólo fue aparente. ¿Se puede dejar de querer? El me pidió que nunca más lo llamara. En el verano estaba como siempre en el verano esta el clima. Yo estaba solo y sin expectativas cercanas. Cosas que habían pasado en veranos anteriores seguían dando vuelta en mi cabeza y ya a esta altura facebook me traía nuevas conquistas y personas que pensé que nunca más iba a encontrar. Faltaban once meses para mi cumple número 33.
Diego Sale a Cenar
Trato de explicar por qué algunos nosotros recorremos las calles de Buenos Aires solitos . Buscamos el amor o una cita, un amor para toda la vida aunque dure solo un día.
Me Visitaron
miércoles, 7 de octubre de 2009
martes, 6 de octubre de 2009
Preparativos para el verano
Génesis. Segunda Parte. Las guerras clónicas.
Aun no repuesto del impacto de ver su rostro en una foto de 2x2, abrí el primer correo electrónico del año (2008). Su perfil decía que era de acuario, que medía 178 cm. y que prefería no contestar (entre otras cosas que no revelaba) si era circuncidado o no. El texto del mensaje me lo reservo. Tanto me lo reservo que no sé si me lo acuerdo a la perfección o estoy imaginado las cosas que me hubiera gustado que me escriban en un primer mensaje. La verdad es que fue la mejor primera cita que tuve en cualquier año nuevo hasta estos días. El mensaje en mi bandeja de entrada, sin embargo, corrió la suerte fatídica de los inocentes a merced de los iracundos. Fue borrado un tiempo después ante la inevitable aceptación que hace que sigas adelante. Luego de dos buenas citas y una inolvidable tercera y final, el año siguió su curso. Pero para eso falta un poquito. Revisando mi memoria y consultando fuentes quizás tengo una percepción que puede diferir de la realidad/ los hechos reales. Lo aclaro en caso de que lean acerca de esta cita y sus resultados en algún otro medio. Para ser sincero, el término que uso a cada rato, “cita”, lo empecé a utilizar en esa noche no muy calurosa del 1 de enero de 2008. Porque lo que pasó fue justo como siempre lo ví en comedias románticas que miramos una y otra (y otra y otra) vez en el cable.
Hablamos por MSN. Arreglamos. Me pasó a buscar por la puerta de casa. Baje con mi perra. Se rehusó a subir, así que nos atuvimos al plan original de tomar algo en algún bar. Subí a buscar mi billetera y a dejar a Tita. Subí dos pisos por escalera con la sonrisa dibujada con pinturita jovi y entré a casa donde me esperaba mi mejor amigo; le tenía que decir qué iba a hacer, confirmar si teníamos que hacer la farsa de la llamada de emergencia, en caso de que me quisiera rajar en seguida. Pero no, lo único que dije fue un “esta buenísimo” y sonreí más y mire si tenía plata en la billetera y volví a ponerla en mi bolsillo. Bajé, respiré profundo. Caminamos una cuadra, fuimos/entramos a un bar, me pedí una corona con limón (el no recuerdo que pidió pero según me aporta un interesado fue una Quilmes). Hablamos un rato, de profesiones y ambiciones. De romances pasados, de su corta edad. Nos contamos anécdotas graciosas (al menos las que él me contó/las de él lo eran). Hasta que entre charla y cerveza, Se termino el trago y /se hizo tarde. Caminamos un ratito y yo no podía dejar de mirarlo. Lo acompañé a la parada del bondi. Mientras caminábamos lo agarré del hombro y lo mire fijo por unos segundos. ¿Qué?– me pregunto. No sabía cómo hacer para ponerte las manos encima– le dije. Los dos reímos y el bondi llego. Y antes de subir nos despedimos con un beso. Y fue como en las películas. Y pensé mucho en eso (y pienso en eso ahora, a veces). Mire alrededor para saber si había alguien, algún testigo de eso que me parecía un sueño. Solo había una señora con cara de indignada que subió rapidito al colectivo y me echó una mirada antes de poner las moneditas. Y me eché a reír y no parpadeé hasta llegar a casa.
La segunda vez que nos vimos tomamos helado, hablamos de nuestros respectivos perros, de las cicatrices en nuestros cuerpos... Caminamos hasta el cine. Vimos Soy Leyenda (que sigue siendo mi película favorita de todos los tiempos). Nos besamos en el cine. Y nos besamos un poco más en mi casa. Nos despedimos en la puerta de su casa.
La última vez que lo ví fuimos a bailar. Y no bailamos. Solo bebimos /un poco y nos besamos mucho. Luego volvimos al sur. Caminamos por varios () lugares antes de encarar el regreso. Corrimos mucho el colectivo y nos reímos mucho más. Viajamos juntos de la mano, bajé en mi casa y el siguió aún más al sur. Esa fue la última vez que lo vi. Lo último que /le escuché decirme fue que en ese momento quería estar solo que lo disculpara. Lo disculpé la verdad. Todos sabemos que cuando te dicen “no sos vos; soy yo”, quieren decir “no soy yo, sos vos” (demasiado feo). Como así también sabemos que “estoy pasando un momento muy especial con mis amigos” significa “encontré uno que la chupa mejor que vos”; “tengo problemas familiares” significa “creo que mi pareja sospecha algo”; ”no estoy preparado para algo serio” significa “ni loco! tenés 10 años más que yo”; “tendríamos que ver a otras personas” significa “hace dos años me casé y acaba de nacer mi primer hijo”, ”no sos lo que me imaginaba” significa que tenés la pija demasiado chica y más te vale hacerte pasivo de ahora en mas en lugar de seguir arruinándole la noche a la gente que se quiere ir a la cama con un pijudo, para variar.
Pero él quería estar solo. Y yo también. Con el tiempo y las conversaciones casuales uno, que nunca se olvidó del tema, escucha cada frase con interés y va atando detalles. Saca cada vez nuevas conclusiones y hasta, a veces, en momentos de melancolía, piensa en los argumentos que usaría en una hipotética pelea que, de haber tenido lugar, hubiera significado un cambio rotundo en la vida tal como la conocemos. Por suerte, son esas largas horas de mirar Sex & the City que nos llevan a mirar un poco más allá y uno entiende que a veces, simplemente, es mejor haber besado al chico mas lindo una vez que vivir preguntándose como sería si hubieras salido con el chico mas lindo. La respuesta es fácil... no! Atropellarlo con tu auto no. La respuesta es disfrutar cada cosa el tiempo que dura (lo que dura dura claro). También podemos vivir de los recuerdos, especialmente si son tan buenos; pero lo mejor es seguir adelante y ocuparte de seguir intentando. Ver a otras personas, personas más dispuestas a tener una relación o al menos personas que no te despierten las ganas de querer casarte después del primer beso. Pero sobre todo personas que no sepan cómo conseguir órdenes de restricción o custodia de la policía federal.
Terminó enero así, con una soledad más densa, más palpable que la de mi estado anterior a los fuegos artificiales y el mal humor. El Polo se negó a seguir entregándome ¼ de helado de dulce de leche granizado y banana split cada 18 minutos así que decidí ir a buscar el módem a lo del Ejército de Salvación, donde lo había llevado como donación creyendo que no lo iba a necesitar nunca más. Una vez online nuevamente y después de la cena anti-San Valentín (organizada por y para gente que disfrutaba de la soledad y no necesitaba una cita para disfrutar la cena ese 14 de febrero, básicamente gente desesperada y yo) conocí a alguien muy especial. Otra vez, parecía que asomaba una luz al final del túnel (que linda imagen no?). Bueno mejor piénsenlo otra vez y recuerden lo aprendimos en las películas…”no vayas hacia la luz”.
Aun no repuesto del impacto de ver su rostro en una foto de 2x2, abrí el primer correo electrónico del año (2008). Su perfil decía que era de acuario, que medía 178 cm. y que prefería no contestar (entre otras cosas que no revelaba) si era circuncidado o no. El texto del mensaje me lo reservo. Tanto me lo reservo que no sé si me lo acuerdo a la perfección o estoy imaginado las cosas que me hubiera gustado que me escriban en un primer mensaje. La verdad es que fue la mejor primera cita que tuve en cualquier año nuevo hasta estos días. El mensaje en mi bandeja de entrada, sin embargo, corrió la suerte fatídica de los inocentes a merced de los iracundos. Fue borrado un tiempo después ante la inevitable aceptación que hace que sigas adelante. Luego de dos buenas citas y una inolvidable tercera y final, el año siguió su curso. Pero para eso falta un poquito. Revisando mi memoria y consultando fuentes quizás tengo una percepción que puede diferir de la realidad/ los hechos reales. Lo aclaro en caso de que lean acerca de esta cita y sus resultados en algún otro medio. Para ser sincero, el término que uso a cada rato, “cita”, lo empecé a utilizar en esa noche no muy calurosa del 1 de enero de 2008. Porque lo que pasó fue justo como siempre lo ví en comedias románticas que miramos una y otra (y otra y otra) vez en el cable.
Hablamos por MSN. Arreglamos. Me pasó a buscar por la puerta de casa. Baje con mi perra. Se rehusó a subir, así que nos atuvimos al plan original de tomar algo en algún bar. Subí a buscar mi billetera y a dejar a Tita. Subí dos pisos por escalera con la sonrisa dibujada con pinturita jovi y entré a casa donde me esperaba mi mejor amigo; le tenía que decir qué iba a hacer, confirmar si teníamos que hacer la farsa de la llamada de emergencia, en caso de que me quisiera rajar en seguida. Pero no, lo único que dije fue un “esta buenísimo” y sonreí más y mire si tenía plata en la billetera y volví a ponerla en mi bolsillo. Bajé, respiré profundo. Caminamos una cuadra, fuimos/entramos a un bar, me pedí una corona con limón (el no recuerdo que pidió pero según me aporta un interesado fue una Quilmes). Hablamos un rato, de profesiones y ambiciones. De romances pasados, de su corta edad. Nos contamos anécdotas graciosas (al menos las que él me contó/las de él lo eran). Hasta que entre charla y cerveza, Se termino el trago y /se hizo tarde. Caminamos un ratito y yo no podía dejar de mirarlo. Lo acompañé a la parada del bondi. Mientras caminábamos lo agarré del hombro y lo mire fijo por unos segundos. ¿Qué?– me pregunto. No sabía cómo hacer para ponerte las manos encima– le dije. Los dos reímos y el bondi llego. Y antes de subir nos despedimos con un beso. Y fue como en las películas. Y pensé mucho en eso (y pienso en eso ahora, a veces). Mire alrededor para saber si había alguien, algún testigo de eso que me parecía un sueño. Solo había una señora con cara de indignada que subió rapidito al colectivo y me echó una mirada antes de poner las moneditas. Y me eché a reír y no parpadeé hasta llegar a casa.
La segunda vez que nos vimos tomamos helado, hablamos de nuestros respectivos perros, de las cicatrices en nuestros cuerpos... Caminamos hasta el cine. Vimos Soy Leyenda (que sigue siendo mi película favorita de todos los tiempos). Nos besamos en el cine. Y nos besamos un poco más en mi casa. Nos despedimos en la puerta de su casa.
La última vez que lo ví fuimos a bailar. Y no bailamos. Solo bebimos /un poco y nos besamos mucho. Luego volvimos al sur. Caminamos por varios () lugares antes de encarar el regreso. Corrimos mucho el colectivo y nos reímos mucho más. Viajamos juntos de la mano, bajé en mi casa y el siguió aún más al sur. Esa fue la última vez que lo vi. Lo último que /le escuché decirme fue que en ese momento quería estar solo que lo disculpara. Lo disculpé la verdad. Todos sabemos que cuando te dicen “no sos vos; soy yo”, quieren decir “no soy yo, sos vos” (demasiado feo). Como así también sabemos que “estoy pasando un momento muy especial con mis amigos” significa “encontré uno que la chupa mejor que vos”; “tengo problemas familiares” significa “creo que mi pareja sospecha algo”; ”no estoy preparado para algo serio” significa “ni loco! tenés 10 años más que yo”; “tendríamos que ver a otras personas” significa “hace dos años me casé y acaba de nacer mi primer hijo”, ”no sos lo que me imaginaba” significa que tenés la pija demasiado chica y más te vale hacerte pasivo de ahora en mas en lugar de seguir arruinándole la noche a la gente que se quiere ir a la cama con un pijudo, para variar.
Pero él quería estar solo. Y yo también. Con el tiempo y las conversaciones casuales uno, que nunca se olvidó del tema, escucha cada frase con interés y va atando detalles. Saca cada vez nuevas conclusiones y hasta, a veces, en momentos de melancolía, piensa en los argumentos que usaría en una hipotética pelea que, de haber tenido lugar, hubiera significado un cambio rotundo en la vida tal como la conocemos. Por suerte, son esas largas horas de mirar Sex & the City que nos llevan a mirar un poco más allá y uno entiende que a veces, simplemente, es mejor haber besado al chico mas lindo una vez que vivir preguntándose como sería si hubieras salido con el chico mas lindo. La respuesta es fácil... no! Atropellarlo con tu auto no. La respuesta es disfrutar cada cosa el tiempo que dura (lo que dura dura claro). También podemos vivir de los recuerdos, especialmente si son tan buenos; pero lo mejor es seguir adelante y ocuparte de seguir intentando. Ver a otras personas, personas más dispuestas a tener una relación o al menos personas que no te despierten las ganas de querer casarte después del primer beso. Pero sobre todo personas que no sepan cómo conseguir órdenes de restricción o custodia de la policía federal.
Terminó enero así, con una soledad más densa, más palpable que la de mi estado anterior a los fuegos artificiales y el mal humor. El Polo se negó a seguir entregándome ¼ de helado de dulce de leche granizado y banana split cada 18 minutos así que decidí ir a buscar el módem a lo del Ejército de Salvación, donde lo había llevado como donación creyendo que no lo iba a necesitar nunca más. Una vez online nuevamente y después de la cena anti-San Valentín (organizada por y para gente que disfrutaba de la soledad y no necesitaba una cita para disfrutar la cena ese 14 de febrero, básicamente gente desesperada y yo) conocí a alguien muy especial. Otra vez, parecía que asomaba una luz al final del túnel (que linda imagen no?). Bueno mejor piénsenlo otra vez y recuerden lo aprendimos en las películas…”no vayas hacia la luz”.
jueves, 1 de octubre de 2009
Preparativos para la primera noche
Génesis. Primera Parte. La conquista del desierto
Bueno una amiga me dijo que tendría que escribir algo. Así que algo voy a escribir. Lo que se me ocurre es que la gente debería escribir sobre lo que mejor conoce, sobre los ámbitos en los que se desenvuelve la vida cotidiana o sobre algo completamente ajeno , pura ficción , por así decir. Entonces se me ocurrió que mi vida transcurre mucho rodeado de mis amigos y sus historias. Mis propias historias siempre son regadas de generosos consejos y anécdotas de mis más cercanos. El ámbito donde se mueve mi vida es siempre el mismo. El amor, las relaciones.
Por un lado, entonces el ámbito donde transcurre mi vida .El amor. Por otro lado, es completamente ajeno. O sea pura ficción! En definitiva podría hacer una larga lista de preguntas que nunca me fueron respondidas. Al menos no por aquellos que fueron el origen de las inquietudes en primer lugar. Las cuestiones del amor son sin duda las que mueven a cualquiera a escribir una historia. Sería justo entonces empezar a contar mi historia y mi relación con el amor. Pero justo no es mi nombre. Ni siquiera se acerca a algo relacionado con el amor la justicia. También está el sexo en todo esto. Lo que complica aún más la cosa.
La cuestión es la siguiente tengo 32, estoy en la recta final de mi cumple numero 33 y todavía no conseguí una cita para ese día. Estos relatos se van dando para mostrar mis aventuras en Buenos Aires para encontrar amor verdadero o al menos un muchacho lindo que pueda sostener mi mano delante de mis amigos , básicamente porque me harta que las personas me froten el brazo, me abrazasen , me compren cerveza, me apoyen la barbilla en el hombro, me sonrían y asientan con la cabeza, brinden por mí, me entiendan, no me entiendan , me presenten a sus peluqueros , compañeros de trabajo del call center , compañeros de la clase de teatro, de la clase de cocina, de la facultad de arquitectura , hermanos , ex novios ,porteros del edificio de al lado (que encima te aclaran que son ‘’encargados’ y le dan al chupi); todo este desfile de personas acompañada de los mejores deseos y una frase matadora : ´´ya vas a encontrar a alguien…’’ y la aun más cruel, la patada en los huevos de las frases condescendientes: ‘’¿ hace cuanto que estas solo?(…) bueno ya va a llegar’’. Por suerte, mala suerte claro, planeo abrirme camino solito en esta historia.
Los comienzos son difíciles, y a pesar de que vengo haciendo esto hace tiempo, lo de conseguir una cita puede ser complicado. Hace dos años, para esta época del año, acepte salir con un ex que amablemente me explico con toda claridad y en forma muy convincente, convengamos que yo estaba bastante predispuesto, que había cambiado y toda la psicosis que había traído a mi vida por un tiempito, que yo pensé pasado, había desaparecido. Bueno estaba en mi cumple 31, y todo el mundo sabe que los treinta son a los gays lo que los que 20 a los heterosexuales( Sí, los gay de alrededor de 20 son como criaturas de 12). Estaba entonces en la mayoría de edad y pensé que era muy de persona pensante dar una segunda oportunidad a las personas adultas de buena voluntad que habitan en este bendito país y circulan por la calle Santa Fe. Salí con mi ex y ‘’volvimos’’, los celos enfermizos eran historia, así que en mi fiestón de cumpleaños fui del brazo con mi viejo/nuevo novio. La noche fue muy alegre y recibí muchos besos y abrazos. Cada vez que un muchacho me abrazaba reconozco que miraba por encima del hombro para esquivar un cuchillazo de Fabi, pero no paso nada. Nos habíamos conocido hacia 6 años, habíamos salido unos meses, pero me él dejo convencido de que yo tenía una relación secreta y lujuriosa con mi mejor amigo el Facu, pobre gordo ni siquiera estaba acostumbrado a la idea de que no me gustaban las mujeres. En la segunda vuelta, luego de unos quince días, y basándose en el precepto de que los años que no estuvimos juntos eran parte de ‘’nuestra relación’’ me propuso una solución a nuestro problema de vivir en lugares distintos del gran Buenos Aires y, sobre todo, una solución al problemita de mi situación inmobiliaria de ese entonces, yo vivía con mi mejor amigo en Quilmes. ‘’Múdate conmigo a San Miguel’’ me dijo con una sonrisa, y si bien por segundo me lo imagine, luego recordé bien lo que no había funcionado entre nosotros y me fui corriendo despavorido …después de una vuelta manzana volví, porque estábamos en mi casa, y le dije que no .
Así que mi cumple 31 paso con novio y dio la bienvenida a un verano inolvidable por muchas cosas y personas que conocí.
En el año nuevo fui tomando conciencia de que las cosas tenían que cambiar , que era mejor hacerse a la idea de que los adultos aceptan sin chistar una vida miserable de soledad , o peor aún, una vida de matrimonio con hijos y todo. Para hacer mi trabajo de campo, a fin de corroborar mi teoría, acepte la invitación de mi ex familia política para pasar el año nuevo . Era una fiesta con mucho espíritu de familia. Se iba criticando a cada uno de los invitados ausentes, y se iba cambiando de persona a media que los criticados iban cayendo al festejo . Una vez todos presentes empezó la vuelta de nuevo. Cerca de la medianoche , y luego de comida abundante y rico champagne. Luego de haber divertido a los presentes con mis historias coloridas de romances gay y promiscuidad, luego de vomitar el vitel tone y pedir un traje de baño prestado al dueño de casa , decidí tomarme un descanso y me fui a tirar a una reposera , junto a la pileta para ver a los s sobrinos jugar en el agua. Me prendí un pucho y pensé. Mire las estrellas.
La medianoche. El año nuevo. Brindis y luego helado en la pileta esquivando los pelotazos y los sobrinos tirándose de bomba. Y pensé que eso era divertido. Para saludar llego Mariano . Morocho . Petiso. Uno de esos hombres que me doy vuelta a mirar por la calle. Él era el proveedor de caños plásticos que había forjado amistad con todos los miembros de la familia , incluso un servidor, yo mismo había sido un miembro excluyente de esa familia por seis años. Y no llego solo . Llego con su flamante esposa embarazada y el hijo de ella, sus bermudas de hombre casado con chomba blanca y un detalle que me hizo reconocerlo, una alpargatas VANS con cuadritos blancos y negros. Como siempre me hablo, como hablan los amigotes (heterosexuales) y lo felicite por su nueva realidad. Los dos nos lamentamos (por compromiso) de que ya no nos íbamos a cruzar por los bares del centro. A las dos estaba volviendo a casa. Protestando por la plata que gasta la gente en pirotecnia y despotricando contra los padres que dejaban beber alcohol a los hijos menores. Contra mis contemporáneos que manejaban alcoholizados, contra lo que cortaban la calle para quemar muñecos y contra todo lo que me separaba de mi cama segura y vacía al otro lado de la vías del ferrocarril Rocca. Toda esa perspectiva se borro y volví a mi estadio natural en un segundo apenas me conecte, al llegar a casa, y encontré un mail en mi casilla. El juego empezaba de nuevo. Y todavía faltaban once meses para mi cumpleaños numero 32.
Bueno una amiga me dijo que tendría que escribir algo. Así que algo voy a escribir. Lo que se me ocurre es que la gente debería escribir sobre lo que mejor conoce, sobre los ámbitos en los que se desenvuelve la vida cotidiana o sobre algo completamente ajeno , pura ficción , por así decir. Entonces se me ocurrió que mi vida transcurre mucho rodeado de mis amigos y sus historias. Mis propias historias siempre son regadas de generosos consejos y anécdotas de mis más cercanos. El ámbito donde se mueve mi vida es siempre el mismo. El amor, las relaciones.
Por un lado, entonces el ámbito donde transcurre mi vida .El amor. Por otro lado, es completamente ajeno. O sea pura ficción! En definitiva podría hacer una larga lista de preguntas que nunca me fueron respondidas. Al menos no por aquellos que fueron el origen de las inquietudes en primer lugar. Las cuestiones del amor son sin duda las que mueven a cualquiera a escribir una historia. Sería justo entonces empezar a contar mi historia y mi relación con el amor. Pero justo no es mi nombre. Ni siquiera se acerca a algo relacionado con el amor la justicia. También está el sexo en todo esto. Lo que complica aún más la cosa.
La cuestión es la siguiente tengo 32, estoy en la recta final de mi cumple numero 33 y todavía no conseguí una cita para ese día. Estos relatos se van dando para mostrar mis aventuras en Buenos Aires para encontrar amor verdadero o al menos un muchacho lindo que pueda sostener mi mano delante de mis amigos , básicamente porque me harta que las personas me froten el brazo, me abrazasen , me compren cerveza, me apoyen la barbilla en el hombro, me sonrían y asientan con la cabeza, brinden por mí, me entiendan, no me entiendan , me presenten a sus peluqueros , compañeros de trabajo del call center , compañeros de la clase de teatro, de la clase de cocina, de la facultad de arquitectura , hermanos , ex novios ,porteros del edificio de al lado (que encima te aclaran que son ‘’encargados’ y le dan al chupi); todo este desfile de personas acompañada de los mejores deseos y una frase matadora : ´´ya vas a encontrar a alguien…’’ y la aun más cruel, la patada en los huevos de las frases condescendientes: ‘’¿ hace cuanto que estas solo?(…) bueno ya va a llegar’’. Por suerte, mala suerte claro, planeo abrirme camino solito en esta historia.
Los comienzos son difíciles, y a pesar de que vengo haciendo esto hace tiempo, lo de conseguir una cita puede ser complicado. Hace dos años, para esta época del año, acepte salir con un ex que amablemente me explico con toda claridad y en forma muy convincente, convengamos que yo estaba bastante predispuesto, que había cambiado y toda la psicosis que había traído a mi vida por un tiempito, que yo pensé pasado, había desaparecido. Bueno estaba en mi cumple 31, y todo el mundo sabe que los treinta son a los gays lo que los que 20 a los heterosexuales( Sí, los gay de alrededor de 20 son como criaturas de 12). Estaba entonces en la mayoría de edad y pensé que era muy de persona pensante dar una segunda oportunidad a las personas adultas de buena voluntad que habitan en este bendito país y circulan por la calle Santa Fe. Salí con mi ex y ‘’volvimos’’, los celos enfermizos eran historia, así que en mi fiestón de cumpleaños fui del brazo con mi viejo/nuevo novio. La noche fue muy alegre y recibí muchos besos y abrazos. Cada vez que un muchacho me abrazaba reconozco que miraba por encima del hombro para esquivar un cuchillazo de Fabi, pero no paso nada. Nos habíamos conocido hacia 6 años, habíamos salido unos meses, pero me él dejo convencido de que yo tenía una relación secreta y lujuriosa con mi mejor amigo el Facu, pobre gordo ni siquiera estaba acostumbrado a la idea de que no me gustaban las mujeres. En la segunda vuelta, luego de unos quince días, y basándose en el precepto de que los años que no estuvimos juntos eran parte de ‘’nuestra relación’’ me propuso una solución a nuestro problema de vivir en lugares distintos del gran Buenos Aires y, sobre todo, una solución al problemita de mi situación inmobiliaria de ese entonces, yo vivía con mi mejor amigo en Quilmes. ‘’Múdate conmigo a San Miguel’’ me dijo con una sonrisa, y si bien por segundo me lo imagine, luego recordé bien lo que no había funcionado entre nosotros y me fui corriendo despavorido …después de una vuelta manzana volví, porque estábamos en mi casa, y le dije que no .
Así que mi cumple 31 paso con novio y dio la bienvenida a un verano inolvidable por muchas cosas y personas que conocí.
En el año nuevo fui tomando conciencia de que las cosas tenían que cambiar , que era mejor hacerse a la idea de que los adultos aceptan sin chistar una vida miserable de soledad , o peor aún, una vida de matrimonio con hijos y todo. Para hacer mi trabajo de campo, a fin de corroborar mi teoría, acepte la invitación de mi ex familia política para pasar el año nuevo . Era una fiesta con mucho espíritu de familia. Se iba criticando a cada uno de los invitados ausentes, y se iba cambiando de persona a media que los criticados iban cayendo al festejo . Una vez todos presentes empezó la vuelta de nuevo. Cerca de la medianoche , y luego de comida abundante y rico champagne. Luego de haber divertido a los presentes con mis historias coloridas de romances gay y promiscuidad, luego de vomitar el vitel tone y pedir un traje de baño prestado al dueño de casa , decidí tomarme un descanso y me fui a tirar a una reposera , junto a la pileta para ver a los s sobrinos jugar en el agua. Me prendí un pucho y pensé. Mire las estrellas.
La medianoche. El año nuevo. Brindis y luego helado en la pileta esquivando los pelotazos y los sobrinos tirándose de bomba. Y pensé que eso era divertido. Para saludar llego Mariano . Morocho . Petiso. Uno de esos hombres que me doy vuelta a mirar por la calle. Él era el proveedor de caños plásticos que había forjado amistad con todos los miembros de la familia , incluso un servidor, yo mismo había sido un miembro excluyente de esa familia por seis años. Y no llego solo . Llego con su flamante esposa embarazada y el hijo de ella, sus bermudas de hombre casado con chomba blanca y un detalle que me hizo reconocerlo, una alpargatas VANS con cuadritos blancos y negros. Como siempre me hablo, como hablan los amigotes (heterosexuales) y lo felicite por su nueva realidad. Los dos nos lamentamos (por compromiso) de que ya no nos íbamos a cruzar por los bares del centro. A las dos estaba volviendo a casa. Protestando por la plata que gasta la gente en pirotecnia y despotricando contra los padres que dejaban beber alcohol a los hijos menores. Contra mis contemporáneos que manejaban alcoholizados, contra lo que cortaban la calle para quemar muñecos y contra todo lo que me separaba de mi cama segura y vacía al otro lado de la vías del ferrocarril Rocca. Toda esa perspectiva se borro y volví a mi estadio natural en un segundo apenas me conecte, al llegar a casa, y encontré un mail en mi casilla. El juego empezaba de nuevo. Y todavía faltaban once meses para mi cumpleaños numero 32.
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